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lunes, 27 de octubre de 2008

La Coruña

Bienvenidos una noche más alrededor de esta hoguera. Hoy os hablaré de la fundación de una de las ciudades del norte de España, La Coruña. Se dice que en esta región gobernaba un tirano monstruoso, que sojuzgaba a los habitantes de esas tierras. Era en verdad un monstruo, pues su ser estaba compuesto por tres cuerpos unidos por la cintura. Al poseer 6 brazos, empuñaba tres espadas y tres dagas, lo cual lo hacía invencible en combate. Además poseía una fuerza terrorífica. Por si esto no fuera poco, contaba a su favor con una inteligencia y una sabiduría prodigiosas, procedente de sus tres cabezas. Este ser era Geryón, tirano de lo que ahora conocemos como La Coruña. Con sus aptitudes sobrehumanas y su gran tamaño (pues era tan grande como un gigante), mantenía bajo control toda la región.

Heracles, recibió como una de sus doce tareas el matar a Geryon y robar sus rebaños. Armado con su maza, se dirigió hacia el norte de la península ibérica, dispuesto a cumplir su cometido. Después de un largo viaje, logró encontrar al fin al gigante, dormido en una cueva. El héroe despertó a Geryon y le retó a un duelo a muerte, desafío que el tirano aceptó de inmediato, pues su fortaleza le llevó a pensar que podía derrotar al heleno.

Se batieron en duelo durante tres días con sus noches, sin que la balanza se inclinara de ninguno de los dos lados. Geryon arrancaba olivos del suelo para atacar al héroe, que unas veces gracias a su agilidad, y otras a su coraza de bronce se libró de los golpes. En otra ocasión, Heracles le atacó con su arma y el gigante usó sus seis brazos para detener el golpe y desarmar al heleno. Finalmente, Heracles se refugió en una pequeña arboleda cercana, para desde allí tener una perspectiva más amplia. Después de meditarlo unos minutos, comprendió que la única manera de derrotar a Geryon era venciendo a los tres cuerpos al mismo tiempo. Para ello, saco una flecha envenenada con sangre de la hidra, tensó su arco, y con un certero disparo, atravesó los tres corazones de Geryon.

Henchido de orgullo por su victoria, Heracles cortó las cabezas del monstruo y las enterró en una pequeña península cercana. Acto seguido, mandó construir un faro encima de la tumba de su enemigo para honrar el combate, y lo dotó de una luz celestial que duraría eternamente. Asimismo, mandó tallar en la estructura los nombres de todas las personas que admiraran su obra.

La primera persona que inscribió su nombre en el faro fue una mujer, la primera habitante de las nuevas tierras libres. El nombre de esta mujer fue…




Crunna, dando origen a nuestra actual La Coruña.

viernes, 18 de enero de 2008

CUÉLEBRE


Bienvenidos de nuevo alrededor de nuestra hoguera. Hoy hablaremos del cuélebre. Se trata de una gran serpiente alada, custodio de fabulosos tesoros y, a aveces, doncellas. Vive en cuevas, simas y demás agujeros, además de en fuentes y algunos viven hasta en lagos. Poseen unas grandes alas escamosas para volar grandes distancias. Su aliento es fétido y la mayor parte de las veces, venenoso y sus silbidos son tan penetrantes que se oyen a leguas de distancia. Estas criaturas atacan y devoran a animales y personas, o bien se llevan sus cadáveres. Muchas veces, para evitar esto, los humanos ofrecían a los cuélebres de las inmediaciones boroñas, es decir, pan de maíz, para así evitar el ataque de la serpiente.
Para un humano, resulta muy difícil matar a una de estas criaturas, pues están blindadas con sus escamas y las flechas no se clavan en ellos. Esta armadura natural solo tiene un punto débil, el cuello, aunque los cuélebres se cuidan de dejarlo a la vista. No obstante, ha habido humanos lo suficientemente osados como para enfrentarse a un cuélebre y salir airosos. En una ocasión, un monje, harto de que la serpiente matara y se comiera a sus compañeros, le ofreció un pan relleno de alfileres, lo que provocó la muerte de la bestia. En otra ocasión, unos campesinos lograron que el cuélebre se tragara una rueda de carro calentada al rojo vivo. Con esto casi lograron matarle, pero la serpiente se echo al mar, logrando así enfriar esa rueda.

Los cuélebres nunca dejan de crecer, sus alas cada vez son más grandes y sus escamas, más recias y pesadas. Cuando el lugar en el que viven ya no es suficientemente espacioso para ellos, se van, llevándose con ellos todas sus riquezas. El lugar al que van, es un mar: La Mar Cuajada. Nadie sabe donde está. Algunos dicen que está más allá del mar occidental; otros, en cambio, dicen que está bajo tierra, por ello también lo llaman La Mar Tapada. Lo que si que sabemos seguro, es que está plagado de los tesoros de los cuélebres, y si consiguierais meter la mano, al sacarla seríais ricos durante más de 100 años.